Nunca mirés atras
Si la amargura te llamó
Un día a tu puerta, corazón
Nunca mires hacia atrás
Aparta su memoria la espesura
De tu selva de hoy
Nunca mires hacia atrás
Si con sus flores engalanó
Tus sienes de amor, amor
Nunca mires hacia atrás
Arrójate a la luz de otros amores
Y rima otra canción
Oh oh oh
Nunca mires hacia atrás
Si la amargura te llamó
Un día a tu puerta, corazón
Nunca mires hacia atrás
Y arrójate a la luz de otros amores
Y rima otra canción
Ay ay ay
Sé ciego, sé indomable
Camina, sufre, ama
Pero nunca mires hacia atrás
Abril de 2026. Una visita a Cuenca. La ciudad alta parece casi inalcanzable pero se va abriendo al paso del caminante y se descubre a pinceladas, se avanza lentamente con atención a los detalles, te va envolviendo su generosa ofrenda de ocres, una esencia dulce de calles antiguas, escenario de historias de vida que fueron y van arriba y abajo. Cuenca, refugio de miradas eternas que en sus horizontes van quedando guardadas, también en nuestra memoria. Cuenca, la de la piel quebrada por hoces y ríos, la que celebró en el siglo XX su poeta Federico Muelas, la que envejece y revive en el XXI y cada día.
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