Mean Things Happenin’ In This World
Well I’m sure that you’ll agree
There’s mean things a happenin’ in this world;
I ain’t got a cryin’ dime,
An’ I’m that a way all th’ time;
There’s mean things a happenin’ in this world;
Ever thing is leased and lent
And to Britain it has went;
And th’ Soldier in th’ War
Don’t know what he’s a fightin’ for;
And the Tanks a rollin’ on
To th’ burstin’ of th’ bombs;
Brother an’ Sister getting’ killed
For a green back dollar bill;
There’s Mean things a happenin’ in this World
Man and Woman lend an ear
To the War that’s drawin’ neat;
You are spied on by Police
If you Speak the Word of Peace;
If you talk ‘bout Broth’ly Love
Back in Jail you’ll get shoved;
O’ I’d ruther’d fight for Peace
Than this crooked Lend & Lease
There’s Mean things a happenin’ in this World
Folks wants Peace for miles aroun’
Lord, from New York City down;
But we’re a gonna save our Nation
With a Peace Mobilization;
Lord, the cops turn on th’ heat
If you talk Peace on th’ street
Organize my Brother and Sister
And we’ll win this World again;
There’s Mean things a happenin’ in this World
El trovador cubano Silvio Rodríguez abrió el 1 de septiembre en el Gran Teatre del Liceu de Barcelona su nueva gira por el Estado español con un concierto de 22 canciones que fue creciendo paulatinamente hasta desembocar en una sucesión final de clásicos. A punto de cumplir 80 años, Rodríguez mostró una voz sólida, mantuvo la habitual sobriedad de sus conciertos, dejando que fueran las canciones y la poesía las que expresaran aquello que apenas necesitó explicar con palabras.
Las plataformas digitales democratizaron el acceso a la música y multiplicaron las posibilidades de publicación para miles de artistas. Sin embargo, dos décadas después de su irrupción, el mercado parece avanzar hacia una dirección inesperada: los éxitos son cada vez más locales, los algoritmos refuerzan las fronteras culturales y, salvo los artistas mainstream, resulta cada vez más difícil descubrir en nuestros escenarios a músicos procedentes de otros países, especialmente cuando deben cruzar un océano.
Amanda Jara, hija de Víctor Jara y presidenta de la Fundación que lleva el nombre del músico chileno participa estos días en distintos actos en Barcelona relacionados con actividades de la institución que dirige. Amanda Jara habla desde una vida atravesada por la resistencia y la necesidad de mantener vivo un legado familiar y artístico, pero se presenta ante todo como una mujer consciente del mundo que habita, alejada de cualquier voluntad de construir una imagen heroica de sí misma.