Historia de tres amigos
si se hicieron anarquistas, no fue por casualidad.
Buenaventura Durruti, Ascaso y García Oliver,
llamados los solidarios que desprecian al poder.
Buscados y perseguidos, por el campo y la ciudad,
si acabaron en la cárcel, no fue por casualidad.
Buenaventura Durruti, Ascaso y García Oliver,
tres hojas de trébol negro, contra el viento del poder.
Siguiendo con su costumbre de burlar la autoridad,
si cruzaron la frontera, no fue por casualidad.
Buenaventura Durruti, Ascaso y García Oliver,
la negra sombra del pueblo contra el brillo del poder.
Después de una temporada se volvieron para acá,
si temblaron los burgueses, no fue por casualidad.
Buenaventura Durruti, Ascaso y García Oliver,
tres balas negras de plomo, apuntando hacia el poder.
Primera acción de Los Solidarios
(León, 17 de mayo de 1923)
El trovador cubano Silvio Rodríguez abrió el 1 de septiembre en el Gran Teatre del Liceu de Barcelona su nueva gira por el Estado español con un concierto de 22 canciones que fue creciendo paulatinamente hasta desembocar en una sucesión final de clásicos. A punto de cumplir 80 años, Rodríguez mostró una voz sólida, mantuvo la habitual sobriedad de sus conciertos, dejando que fueran las canciones y la poesía las que expresaran aquello que apenas necesitó explicar con palabras.
Las plataformas digitales democratizaron el acceso a la música y multiplicaron las posibilidades de publicación para miles de artistas. Sin embargo, dos décadas después de su irrupción, el mercado parece avanzar hacia una dirección inesperada: los éxitos son cada vez más locales, los algoritmos refuerzan las fronteras culturales y, salvo los artistas mainstream, resulta cada vez más difícil descubrir en nuestros escenarios a músicos procedentes de otros países, especialmente cuando deben cruzar un océano.