Manuela cabalga en el tiempo
el perfume de Manuela
Se dibuja en cada escuela
cuando se habla del mañana
Manuela, la americana
Quiso quedarse en Perú
Pero nos dejó la luz
De su manta boliviana
Y sigue, la capitana,
Amazona de los vientos,
Recorriendo el pensamiento
De éste tenaz continente
Que es volcán incandescente
Esperando su momento
Mientras cabalgue Manuela
Por los sueños de Simón
Latirá en el corazón
el ritmo de Venezuela
El sentimiento que vuela
Perfumando el continente
Con fervor adolescente,
Floreció en el Ecuador
Liberó al libertador
De la América insurgente
El trovador cubano Silvio Rodríguez abrió el 1 de septiembre en el Gran Teatre del Liceu de Barcelona su nueva gira por el Estado español con un concierto de 22 canciones que fue creciendo paulatinamente hasta desembocar en una sucesión final de clásicos. A punto de cumplir 80 años, Rodríguez mostró una voz sólida, mantuvo la habitual sobriedad de sus conciertos, dejando que fueran las canciones y la poesía las que expresaran aquello que apenas necesitó explicar con palabras.
Las plataformas digitales democratizaron el acceso a la música y multiplicaron las posibilidades de publicación para miles de artistas. Sin embargo, dos décadas después de su irrupción, el mercado parece avanzar hacia una dirección inesperada: los éxitos son cada vez más locales, los algoritmos refuerzan las fronteras culturales y, salvo los artistas mainstream, resulta cada vez más difícil descubrir en nuestros escenarios a músicos procedentes de otros países, especialmente cuando deben cruzar un océano.