Viva la grasia
cuanto esfuerzo me cuesta escribir
estas palabras.
El destino,
el destino de un tiempo ya viejo
nos separa.
El destino es la inercia
de la soga que ahoga,
la piedra que entierra y que aplasta,
de la mano que apaga la aurora
y nunca se cansa,
de la voz que te llama en la noche,
detrás de una puerta
y te clava un momento en la duda
de quién es uno.
Cuando falta tu luz,
no es igual que la luz de la luna,
el sol o la estrella;
me falto yo,
me falta en la boca saliva,
corazón y dientes.
Agoto
la esperanza y la vida me lleva
hacia la frontera.
Y es aquí que me veo cruzando
los montes de Francia,
mientras lejos se queda mi tierra,
mi gente, mi casa.
Y mis ojos con tanta amargura
que me avergüenzo.
Esta es la canción:
¡Un, dos!
Ustedes tienen sol,
vivir,
vino, playas y flamenco...
... sí, mucha
derramarla
por las vendimias del Roselló.
¡Viva la de Andalucía
con pasaporte de emigración!
No es de odio esta carta,
que es de amor que se escribe con todos,
se vive con todos.
Yo entiendo
este amor como un puño sensible
que mueve montañas.
Compañera,
que por él los de abajo sufrieron
el papel amargo
del que enciende la luz en la sombra
y se ve tan solo,
cara al viento, al rayo y al trueno
de la gran tormenta,
cara al tiempo, al cerrojo, al silencio
y a lo que caiga.
Ahora sé que eres tú
lo que enciende la vida
del árbol en la primavera,
lo que mueve la voz
de los hombres cuando por los hombres
luchan y mueren.
No quiero
acabar con tristeza ni hielo
esta carta amarga.
Ahora sé que las nubes se alzan
y canto este canto:
"Por mi boca ya asoman las flores
que regó con llanto
en tu vientre amoroso
este pueblo te ha embarazado".
Esta es la canción:
¡Un, dos!
Ustedes tienen sol,
vivir,
vino, playas y flamenco...
...sí, mucha
derramarla
por las vendimias del Roselló.
¡Viva la de Andalucía
con pasaporte de emigración!
En este mundo actual dominado por una élite de tiburones ávidos de sangre y dinero, forjadores de un mundo autoritario, genocida, explotador y censor, Silvio nos trae desde su bloqueada isla, nuevas y viejas canciones como si hubieran sido escritas anteayer para darnos un abrazo de esperanza, esperanza, esperanza blanca, roja o negra pero con amor.
El cantautor mexicano Alejandro Santiago, vinculado con la trova contemporánea mexicana, murió el 22 de septiembre de 2026 en una clínica de Cuernavaca, Morelos, después de un prolongado periodo de hospitalización. A lo largo de más de cuatro décadas de trayectoria publicó siete discos de manera independiente y llevó sus canciones a escenarios de México, Estados Unidos, Latinoamérica y Europa.
Durante el periodo de la Unidad Popular en Chile, la efervescencia creativa dio lugar a proyectos artísticos ambiciosos. Entre ellos destaca Los Siete Estados, un ballet concebido por el coreógrafo y director del Ballet Nacional Chileno, Patricio Bunster, que reunió en un mismo espacio de experimentación al cantautor Víctor Jara, al compositor peruano Celso Garrido-Lecca, al Ballet Nacional, a la Orquesta Sinfónica de Chile y a una nómina imprescindible de la Nueva Canción Chilena y movimientos afines: Inti-Illimani, Isabel Parra, Los Blops, Patricio Castillo y el grupo cubano Manguaré.
Frank Delgado publica Archivos Descalcificados, un disco grabado en 2018 que reúne diez canciones que habían quedado fuera de trabajos anteriores. El álbum cuenta con arreglos y guitarras de Yibrán Rivero y funciona, según explica el propio cantautor cubano, como una recopilación lógica de composiciones pertenecientes a momentos muy distintos de su trayectoria, algunas escritas hace más de cuarenta años y otras hace más de veinte.
El cantautor italo-argentino Piero falleció el miércoles 7 de octubre en Buenos Aires a los 81 años, después de más de seis décadas de trayectoria. Autor e intérprete de canciones como Mi viejo, Para el pueblo lo que es del pueblo, Que se vayan ellos y Pedro Nadie, desarrolló una obra en la que convivieron la canción popular, el compromiso social y un repertorio centrado también en la paz y la solidaridad.