La llave en la mano
Solo un mal recuerdo de este callejón
Callejón oscuro de aquella ciudad
Que la castigaba por una vez más
Por una vez más salió de esa casa
Caminando sola buscando una plaza
Buscando una plaza, cerrado el armario
La puerta entreabierta, la llave en la mano
La llave en la mano, la maleta negra
La sonrisa fría, la calle desierta
La calle desierta única certeza
Los ojos cerrados, el sol en la pieza
Abril de 2026. Una visita a Cuenca. La ciudad alta parece casi inalcanzable pero se va abriendo al paso del caminante y se descubre a pinceladas, se avanza lentamente con atención a los detalles, te va envolviendo su generosa ofrenda de ocres, una esencia dulce de calles antiguas, escenario de historias de vida que fueron y van arriba y abajo. Cuenca, refugio de miradas eternas que en sus horizontes van quedando guardadas, también en nuestra memoria. Cuenca, la de la piel quebrada por hoces y ríos, la que celebró en el siglo XX su poeta Federico Muelas, la que envejece y revive en el XXI y cada día.
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