Los Juanes y las Rosas
Para enterrar en la tierra
Mis antiguas añoranzas
Y mis dolidas dolencias
Si no tienes pala Rosa
Dame un poco de tu aliento
Junta tu mano y la mía
Y terminará el tormento
De vivir entre penumbras
Ocultándote el cariño
De ser libres como el viento
Palabras del sentimiento
Yo soy Juan el de la tierra
El que no se muere nunca
El de la sangre araucana
Que trabaja su mañana
Vivo lejos de los malos
Y muy cerca de los buenos
El aceite y el vinagre
Van derecho pal infierno
Porque no se juntan nunca
Ni se toman de la mano
Hace tiempo son difuntos
En la hoguera del villano
Quiero ser como los peces
Que andan libres por los mares
Roqueríos y arenales
Son lugares principales
Se juntan Juanes y Rosas
Y se elevan a los cielos
Laborando la esperanza
Nunca pasan en desvelos
Bailecito
Abril de 2026. Una visita a Cuenca. La ciudad alta parece casi inalcanzable pero se va abriendo al paso del caminante y se descubre a pinceladas, se avanza lentamente con atención a los detalles, te va envolviendo su generosa ofrenda de ocres, una esencia dulce de calles antiguas, escenario de historias de vida que fueron y van arriba y abajo. Cuenca, refugio de miradas eternas que en sus horizontes van quedando guardadas, también en nuestra memoria. Cuenca, la de la piel quebrada por hoces y ríos, la que celebró en el siglo XX su poeta Federico Muelas, la que envejece y revive en el XXI y cada día.
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