Madrigal
Un dia arribarà, però, que els morts i els vius bescanviaran llurs llocs.
Llavors, el bosc es posarà en moviment. Encara ens resta l'esperança.
Tot i el treball de nombrosos policies, el crim més greu queda per resoldre.
Talment com a les nostres vides hi ha un gran amor sense resoldre.
Vaig heretar un bosc obscur i avui passetge per un altre bosc ben clar.
Tot allò que viu, que canta, que serpeja, que es mou i provoca!
És primavera i l'aire és molt intens.
M’he graduat a la universitat de l'oblit i tinc les mans tan buides
com la camisa que penja a l'estenedor.
Basada en un poema de Tomas Tranströmer.
El trovador cubano Silvio Rodríguez abrió el 1 de septiembre en el Gran Teatre del Liceu de Barcelona su nueva gira por el Estado español con un concierto de 22 canciones que fue creciendo paulatinamente hasta desembocar en una sucesión final de clásicos. A punto de cumplir 80 años, Rodríguez mostró una voz sólida, mantuvo la habitual sobriedad de sus conciertos, dejando que fueran las canciones y la poesía las que expresaran aquello que apenas necesitó explicar con palabras.
Las plataformas digitales democratizaron el acceso a la música y multiplicaron las posibilidades de publicación para miles de artistas. Sin embargo, dos décadas después de su irrupción, el mercado parece avanzar hacia una dirección inesperada: los éxitos son cada vez más locales, los algoritmos refuerzan las fronteras culturales y, salvo los artistas mainstream, resulta cada vez más difícil descubrir en nuestros escenarios a músicos procedentes de otros países, especialmente cuando deben cruzar un océano.