Trovas antigas
Não é amor de ninguém
É que a morte de esquecida
Deixa o mal e leva o bem
Quem se vai casar ao longe
Ao perto tendo com quem
Alva flor da laranjeira
Não a dará a ninguém
Olha a triste viuvinha
Que anda na roca a fiar
É bem feito, é bem feito
Que não tem com quem casar
No cimo daquela serra
Está um lenço de mil cores
Está dizendo viva, viva
Morra quem não tem amores
O que mais me prende à vida
Não é amor de ninguém
É que a morte de esquecida
Deixa o mal e leva o bem
Olha a triste viuvinha
Que anda na roca a fiar
É bem feito, é bem feito
Que não tem com quem casar
(1964)
El trovador cubano Silvio Rodríguez abrió el 1 de septiembre en el Gran Teatre del Liceu de Barcelona su nueva gira por el Estado español con un concierto de 22 canciones que fue creciendo paulatinamente hasta desembocar en una sucesión final de clásicos. A punto de cumplir 80 años, Rodríguez mostró una voz sólida, mantuvo la habitual sobriedad de sus conciertos, dejando que fueran las canciones y la poesía las que expresaran aquello que apenas necesitó explicar con palabras.
Las plataformas digitales democratizaron el acceso a la música y multiplicaron las posibilidades de publicación para miles de artistas. Sin embargo, dos décadas después de su irrupción, el mercado parece avanzar hacia una dirección inesperada: los éxitos son cada vez más locales, los algoritmos refuerzan las fronteras culturales y, salvo los artistas mainstream, resulta cada vez más difícil descubrir en nuestros escenarios a músicos procedentes de otros países, especialmente cuando deben cruzar un océano.