De Mercedes a Cañada
Día de viaje y ganas de viajar
Por Luján del Oeste a Capital,
Por la 9 que hace medio siglo
Siempre tiene un tramo que arreglar.
Vicky hace trapecio en un club de Ituzaingó,
La madre de Andrés hace pan con provenzal,
Por eso su hijo es de metal.
En Castelar los Divididos
Covers de los Rollings empiezan a tocar.
No importa que estén,
O que no estén más los amigos
que hicimos en Mercedes.
No importa, mañana,
que ya no vivan los parientes
que nacieron en Cañada.
Nosotros vamos a ir,
Y vamos a gritar ¡Presente!
Dos viejos amigos en un auto nuevo,
Por Campana, Escobar y Baradero
Peajes, lo más caro que hay.
Ensaimadas en San Pedro,
Y la Virgen de San Nicolás.
En Rosario por el puerto hay que pasar
Circunvalación, no se puede transitar
Frente al Che la bandera nacional.
Y la balsa nos esperó
cincuenta años en el río a mí y a vos.
El trovador cubano Silvio Rodríguez abrió el 1 de septiembre en el Gran Teatre del Liceu de Barcelona su nueva gira por el Estado español con un concierto de 22 canciones que fue creciendo paulatinamente hasta desembocar en una sucesión final de clásicos. A punto de cumplir 80 años, Rodríguez mostró una voz sólida, mantuvo la habitual sobriedad de sus conciertos, dejando que fueran las canciones y la poesía las que expresaran aquello que apenas necesitó explicar con palabras.
Las plataformas digitales democratizaron el acceso a la música y multiplicaron las posibilidades de publicación para miles de artistas. Sin embargo, dos décadas después de su irrupción, el mercado parece avanzar hacia una dirección inesperada: los éxitos son cada vez más locales, los algoritmos refuerzan las fronteras culturales y, salvo los artistas mainstream, resulta cada vez más difícil descubrir en nuestros escenarios a músicos procedentes de otros países, especialmente cuando deben cruzar un océano.