Letanía
luchad con nosotros,
activistas de la virtud
luchad con nosotros,
ángeles de la libertad
luchad con nosotros,
estilistas del esplendor
luchad con nosotros.
Falsificadores de luz,
noctámbulos seres
de la alevosía
y escondida mácula.
Escaparatistas de Dios
profanando pieles
de primera mano
bajo oscuros hábitos.
Viven en templos de papel
entre divinas palabras
elevando un cáliz
del que no deberían beber;
promesas de consagración
raptando silencios
a cambio de miedo,
a cambio de lágrimas.
Alquimistas de la equidad
luchad con nosotros,
combatientes de la emoción
luchad con nosotros,
altruistas de la bondad
luchad con nosotros,
mártires de la ensoñación
luchad con nosotros.
Máscaras empíreas
transfigurando semblantes
de fuegos eternos
en pastores de almas.
Diletantes de caridad,
cobardes, obscenos,
ya va siendo hora
de que os plantemos cara.
Basta ya de doble moral
y alternativas conciencias,
absolutistas del perdón
ya no podéis violar
camuflados bajo el dolor
vestidos con seda
de mirada santa,
perversa y anónima.
No…ya no
No…ya no, no, no.
El trovador cubano Silvio Rodríguez abrió el 1 de septiembre en el Gran Teatre del Liceu de Barcelona su nueva gira por el Estado español con un concierto de 22 canciones que fue creciendo paulatinamente hasta desembocar en una sucesión final de clásicos. A punto de cumplir 80 años, Rodríguez mostró una voz sólida, mantuvo la habitual sobriedad de sus conciertos, dejando que fueran las canciones y la poesía las que expresaran aquello que apenas necesitó explicar con palabras.
Las plataformas digitales democratizaron el acceso a la música y multiplicaron las posibilidades de publicación para miles de artistas. Sin embargo, dos décadas después de su irrupción, el mercado parece avanzar hacia una dirección inesperada: los éxitos son cada vez más locales, los algoritmos refuerzan las fronteras culturales y, salvo los artistas mainstream, resulta cada vez más difícil descubrir en nuestros escenarios a músicos procedentes de otros países, especialmente cuando deben cruzar un océano.