Venezuela habla cantando
y a las cuatro de la mañana
se oye una punta 'e ganao
que viene desde la sabana.
El puntero encapotao
cantando la va llevando,
porque hasta el buey te lo entiende
si se lo dices cantando.
Se oye cantar un gallito
en el corral de la vecina
y ya saben los que duermen
que la aurora se aproxima.
El chorrito de la pila
goteando está joropeando.
¡Qué bonito es que en mi tierra,
amanece ya cantando!
La lavandera en el río
y el jardinero regando,
el albañil en su andamio,
todos cantan trabajando.
Los muchachos de mi pueblo
todo el día andan silbando,
ya por el mundo se dice:
Venezuela habla cantando.
El que nace en Venezuela
ya lo vamos preparando
al decir venezolano
ya lo dice uno cantando.
El secreto, compañero,
es algo muy personal:
que arrullamos a los niños
con el Himno Nacional.
El trovador cubano Silvio Rodríguez abrió el 1 de septiembre en el Gran Teatre del Liceu de Barcelona su nueva gira por el Estado español con un concierto de 22 canciones que fue creciendo paulatinamente hasta desembocar en una sucesión final de clásicos. A punto de cumplir 80 años, Rodríguez mostró una voz sólida, mantuvo la habitual sobriedad de sus conciertos, dejando que fueran las canciones y la poesía las que expresaran aquello que apenas necesitó explicar con palabras.
Las plataformas digitales democratizaron el acceso a la música y multiplicaron las posibilidades de publicación para miles de artistas. Sin embargo, dos décadas después de su irrupción, el mercado parece avanzar hacia una dirección inesperada: los éxitos son cada vez más locales, los algoritmos refuerzan las fronteras culturales y, salvo los artistas mainstream, resulta cada vez más difícil descubrir en nuestros escenarios a músicos procedentes de otros países, especialmente cuando deben cruzar un océano.