La última luna
era aquella del Luna Park
el crepúsculo avanzaba
de la feria al bar
mientras tanto el Ángel Santo blasfemaba
la polución que respiraba
musculoso pero frágil.
Pobre Ángel, pobres alas.
La sexta luna
era el alma de un desgraciado
que maldecía el haber nacido,
pero sonreía.
Cuatro noches sin haber cenado
con las manos, con las manos,
manchadas de carbón.
Tocaba el pecho una señora
y manchaba y reía
creyéndose el patrón.
La quinta luna
daba tanto miedo
era la cabeza de una dama
que sintiendo la muerte cercana
al billar jugaba.
Era grande y elegante,
no era joven, no era vieja
tal vez enferma
seguramente estaba enferma
porque sangraba un poco por la oreja.
La cuarta luna
era una cuerda de prisioneros
que caminando, seguía los rieles
de un tren viejo.
Tenía los pies ensangrentados
y las manos, y las manos, y las manos
sin sus guantes,
pero no te alarmes
el cielo está sereno
y no hay bastantes prisioneros.
La tercera luna
salieron todos a buscarla
era, era así de grande
que más de uno pensó en el Padre Eterno.
Se secaron las risas,
se fundieron las luces
y comenzó el infierno,
la gente huyó a su casa
porque por una noche
regresó el invierno.
La segunda luna
el pánico sembró entre los gitanos
hubo alguno que incluso
se amputo un dedo.
Otros fueron hacia el banco
a hacer alguna operación
pero qué confusión
la mayor parte de ellos
con sus hijos y sus perros
corrieron a la estación.
La ultima luna
la vio sólo un recién nacido
con ojos negros, profundos, redondos
y no lloraba
con grandes alas tomó la luna
entre sus manos, entre sus manos.
Salió volando por la ventana
era el hombre del mañana.
Salió volando por la ventana...
En este mundo actual dominado por una élite de tiburones ávidos de sangre y dinero, forjadores de un mundo autoritario, genocida, explotador y censor, Silvio nos trae desde su bloqueada isla, nuevas y viejas canciones como si hubieran sido escritas anteayer para darnos un abrazo de esperanza, esperanza, esperanza blanca, roja o negra pero con amor.
El cantautor mexicano Alejandro Santiago, vinculado con la trova contemporánea mexicana, murió el 22 de septiembre de 2026 en una clínica de Cuernavaca, Morelos, después de un prolongado periodo de hospitalización. A lo largo de más de cuatro décadas de trayectoria publicó siete discos de manera independiente y llevó sus canciones a escenarios de México, Estados Unidos, Latinoamérica y Europa.
Durante el periodo de la Unidad Popular en Chile, la efervescencia creativa dio lugar a proyectos artísticos ambiciosos. Entre ellos destaca Los Siete Estados, un ballet concebido por el coreógrafo y director del Ballet Nacional Chileno, Patricio Bunster, que reunió en un mismo espacio de experimentación al cantautor Víctor Jara, al compositor peruano Celso Garrido-Lecca, al Ballet Nacional, a la Orquesta Sinfónica de Chile y a una nómina imprescindible de la Nueva Canción Chilena y movimientos afines: Inti-Illimani, Isabel Parra, Los Blops, Patricio Castillo y el grupo cubano Manguaré.
Frank Delgado publica Archivos Descalcificados, un disco grabado en 2018 que reúne diez canciones que habían quedado fuera de trabajos anteriores. El álbum cuenta con arreglos y guitarras de Yibrán Rivero y funciona, según explica el propio cantautor cubano, como una recopilación lógica de composiciones pertenecientes a momentos muy distintos de su trayectoria, algunas escritas hace más de cuarenta años y otras hace más de veinte.
El cantautor italo-argentino Piero falleció el miércoles 7 de octubre en Buenos Aires a los 81 años, después de más de seis décadas de trayectoria. Autor e intérprete de canciones como Mi viejo, Para el pueblo lo que es del pueblo, Que se vayan ellos y Pedro Nadie, desarrolló una obra en la que convivieron la canción popular, el compromiso social y un repertorio centrado también en la paz y la solidaridad.