Atravesar una isla
cumplir un sueño en las ruinas de aquel amor encendido
Atravesar una isla para abrazar una idea
porque es más fácil ver lejos que descifrar lo que hay cerca
Y si, al final, no se encuentra lo que se andaba buscando
es porque vive a tu lado lo que te estaba faltando
Personas que se descubren sin la intención de buscarse
porque nunca, nunca es tarde para encontrarse
Atravesar una isla negando un hueco vacío
cerrando el pecho a las flores que crecen junto a los ríos
Atravesar una isla buscando un algo sin cuerpo
difuminando las horas para esquivar los espejos
Canción escrita para la película Pessoas (2020) de Arturo Dueñas.
El trovador cubano Silvio Rodríguez abrió el 1 de septiembre en el Gran Teatre del Liceu de Barcelona su nueva gira por el Estado español con un concierto de 22 canciones que fue creciendo paulatinamente hasta desembocar en una sucesión final de clásicos. A punto de cumplir 80 años, Rodríguez mostró una voz sólida, mantuvo la habitual sobriedad de sus conciertos, dejando que fueran las canciones y la poesía las que expresaran aquello que apenas necesitó explicar con palabras.
Las plataformas digitales democratizaron el acceso a la música y multiplicaron las posibilidades de publicación para miles de artistas. Sin embargo, dos décadas después de su irrupción, el mercado parece avanzar hacia una dirección inesperada: los éxitos son cada vez más locales, los algoritmos refuerzan las fronteras culturales y, salvo los artistas mainstream, resulta cada vez más difícil descubrir en nuestros escenarios a músicos procedentes de otros países, especialmente cuando deben cruzar un océano.