Mis veintidós años
encontrar la dicha eterna.
Siempre, a base de reveses,
pude ver la realidad.
Le cantaba a mi tristeza,
a mi dolor y a mi muerte.
La tristeza en mí vivía,
viendo el dolor, a veces,
a acompañarme en la búsqueda
del camino hacia la muerte.
Pero como ser humano,
me contradigo y me opongo
al pasado que pasó
pasando por veintidós años
de penas y dolor.
Y de aquí sale mi canción.
Mi tristeza la sepultaré...
y el dolor siempre del brazo de ella irá.
Nada habrá que me provoque más tristeza...
y el dolor siempre del brazo de ella irá.
Y en cuanto a la muerte amada,
le diré, si un día la encuentro:
Adiós, que de ti no tengo
interés en saber nada.
Nada...
(1965)
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