Abecedario
Barranco, lo que depara una caricia,
Caricia es la antesala del deseo,
Deseo es la coartada de lo enorme
Enorme que antecede a lo finito,
Finito, lo que hace eterno a lo gigante,
Gigante el camarada de lo humano,
Humano lo que anilla los iguales,
Iguales los que escapan del jamás,
Jamás, contrapartida de lujuria
Lujuria, lo que esconde una mirada,
Mirada, la sentencia de lo necio, ese
Necio corazón que esgrima el odio, es
Odio, la respuesta a lo perdido,
Perder es concesión a la quimera,
Quimera es el consuelo en el resumen,
Resumen, el atajo de suspiros,
Suspiro lo que inspira una tonada,
Tonada, un emisario de lo útil, es
Util la respuesta de lo vivo y
Vivo que se escapa de la zarpa,
Zarpazo lo que enuncia lo amoroso,
Amor, lo que nos lleva hasta el barranco,
Barranco, lo que guarda lo amoroso.
(1981)
El trovador cubano Silvio Rodríguez abrió el 1 de septiembre en el Gran Teatre del Liceu de Barcelona su nueva gira por el Estado español con un concierto de 22 canciones que fue creciendo paulatinamente hasta desembocar en una sucesión final de clásicos. A punto de cumplir 80 años, Rodríguez mostró una voz sólida, mantuvo la habitual sobriedad de sus conciertos, dejando que fueran las canciones y la poesía las que expresaran aquello que apenas necesitó explicar con palabras.
Las plataformas digitales democratizaron el acceso a la música y multiplicaron las posibilidades de publicación para miles de artistas. Sin embargo, dos décadas después de su irrupción, el mercado parece avanzar hacia una dirección inesperada: los éxitos son cada vez más locales, los algoritmos refuerzan las fronteras culturales y, salvo los artistas mainstream, resulta cada vez más difícil descubrir en nuestros escenarios a músicos procedentes de otros países, especialmente cuando deben cruzar un océano.