Despertar
Se forja la idea
El canto que nace
Se hace pensamiento
Entonces el cielo
El hombre y su tiempo
Transitan los surcos
Del canto y el viento.
Y de la quimera
Canto y pensamiento
Va naciendo el hombre
Surco de su tiempo
Y la noche queda
Detrás de la aurora
Entonces el cielo
Se hace canto y viento.
La luz, la alborada
Arrastran los sueños
Y surgen banderas
Que no tienen dueño.
América es una
Morena y alegre
Es voz y esperanza
De los valles verdes.
Y tiene guitarras
Que templan su grito
Hechas de maderas
Curtidas en sangre
Quebracho de estirpe
Que no tumba nadie
Coplas y jazmines
Luchas y azahares.
El campo es amigo
De arado y guitarra
En cuerdas que llevan
Sonido y palabras
Si pulsan tristezas
Que son del invierno
En muy poco tiempo
Será primavera.
Es largo el camino
Que tú has transitado
El mío es más largo
Después de lo andado
Te pido la ayuda
De tus pies descalzos
Que han pisado espinas
Hermano del campo.
Con sueños y arpas
Se forjan las sendas
Surcos de guaranías
Semillas al viento
Si sos de tu tiempo
Hermano del campo
Te pido la ayuda
De tus pies descalzos.
Si América es una
Y su grito es canto
Si arado y guitarra
Te llevan ideas
Dale tú la mano
Tu voz de guaranía
Dale la plegaria
De tu arpa y tu canto.
El trovador cubano Silvio Rodríguez abrió el 1 de septiembre en el Gran Teatre del Liceu de Barcelona su nueva gira por el Estado español con un concierto de 22 canciones que fue creciendo paulatinamente hasta desembocar en una sucesión final de clásicos. A punto de cumplir 80 años, Rodríguez mostró una voz sólida, mantuvo la habitual sobriedad de sus conciertos, dejando que fueran las canciones y la poesía las que expresaran aquello que apenas necesitó explicar con palabras.
Las plataformas digitales democratizaron el acceso a la música y multiplicaron las posibilidades de publicación para miles de artistas. Sin embargo, dos décadas después de su irrupción, el mercado parece avanzar hacia una dirección inesperada: los éxitos son cada vez más locales, los algoritmos refuerzan las fronteras culturales y, salvo los artistas mainstream, resulta cada vez más difícil descubrir en nuestros escenarios a músicos procedentes de otros países, especialmente cuando deben cruzar un océano.