Zamba de Argamonte
tiene que ser noche negra,
por si lo vienen siguiendo
y le brillan las espuelas.
Argamonte por el monte,
pasa despacio a caballo;
los lazos de su memoria
al aire van cuatrereando.
El gaucho que anda escapando,
no desensille.
No vaya que, andando el vino,
me lo acuchillen.
Cuando Argamonte se acuerda
que andaba por esos chacos:
la luna le pone encima
la sombra del contrabando.
Y si canta una baguala
a orillas del Pilcomayo:
el agua se lleva un toro,
cuando lo están despenando.
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