Rock de los fantasmas
Ya la noche va opacando la claridad
y la luna va saliendo con un temor,
pues es noche de fantasmas: ¡qué terror!
Los fantasmas, los fantasmas
ya vienen ya, volando, los fantasmas.
Los fantasmas, los fantasmas
rockeando con cadenas y guitarras.
Todos les temen pues saben que son
los fantasmas, los fantasmas.
Una chica se atrevió
a mirarlos sin temor
y muy tarde cuenta se dio
de que un fantasma la raptó.
Mas no todo es un primor
para fantasmas de terror,
pues el día ya salió
y «¡a perderse!» fue la voz.
(1962)
Primera canción escrita por Silvio, en 1962, cuando con quince años trabajaba en el semanario Mella. Entonces sólo pudo concebir el texto y la melodía, pues aún no tocaba instrumento alguno. Fue Lázaro Fundora, un compañero de la publicación, quien la armonizó con su guitarra.
El trovador cubano Silvio Rodríguez abrió el 1 de septiembre en el Gran Teatre del Liceu de Barcelona su nueva gira por el Estado español con un concierto de 22 canciones que fue creciendo paulatinamente hasta desembocar en una sucesión final de clásicos. A punto de cumplir 80 años, Rodríguez mostró una voz sólida, mantuvo la habitual sobriedad de sus conciertos, dejando que fueran las canciones y la poesía las que expresaran aquello que apenas necesitó explicar con palabras.
Las plataformas digitales democratizaron el acceso a la música y multiplicaron las posibilidades de publicación para miles de artistas. Sin embargo, dos décadas después de su irrupción, el mercado parece avanzar hacia una dirección inesperada: los éxitos son cada vez más locales, los algoritmos refuerzan las fronteras culturales y, salvo los artistas mainstream, resulta cada vez más difícil descubrir en nuestros escenarios a músicos procedentes de otros países, especialmente cuando deben cruzar un océano.