¿Quién va conmigo?
con todo respeto revolucionario,
permiso, camarada.
Permiso al fusilado,
al que murió combatiendo.
Permiso a aquel que torturado
gritó dolor,
gritó su odio,
pero guardó silencio
sobre Juan,
Manuel
y el resto del partido.
Permiso a ti,
combatiente de hoy,
combatiente clandestino.
Quiero decir
es mi última canción,
ésta que canto.
Ya me despido
de las antiguas ciudades
al lado de los ríos.
No puedo irme en silencio.
No es justo decir
adiós, hasta la vista.
No. Quien quiera acompañarme
va conmigo.
No me despido
extiendo invitaciones:
yo voy a combatir,
¡quién va conmigo!
Y el que no pueda
se queda
pero combatiendo:
en la industria,
en las calles
y en el puerto.
¡La lucha de mi pueblo
es de todos los pueblos!
Soy uno más
que se levanta
de tu mesa, París,
antes del postre.
Sin embargo
no pierdo la esperanza:
regresaré a beber
tu vino rojo
entre las manos rojas
que dominarán tu cuerpo.
Permiso, pues,
ya me despido.
No tengo dirección que darte.
Si deseas escribirme
recibiré tus cartas
a través de las luchas
de tus oprimidos.
De todas formas
mi casa será un fusil,
un panfleto clandestino
o lo que ordene el partido.
De preferencia
te pido
escríbeme en papel
huelga,
en pliego
de peticiones
en sobre azul
para los patrones.
Y no te olvides
ponerle el sello,
el sello
de los trabajadores.
(1974)
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