Vidalay del montonero
brillan tus ojos mirando
y en el árbol el chubasco
tu llanto me va dejando.
Por toda América rueda
la guerra en carro impaciente
y en la noche de la sierra
yo temo por mis ausentes.
Noche de los montoneros,
plácida con sangre y sombra,
noche de labios heridos
por la lluvia azul que nombra.
Quién sabe si la mañana
vendrá de la cordillera.
Quién sabe si los fusiles
me dejarán que te tenga.
(1965)
Canción VI de “El sueño americano”
El trovador cubano Silvio Rodríguez abrió el 1 de septiembre en el Gran Teatre del Liceu de Barcelona su nueva gira por el Estado español con un concierto de 22 canciones que fue creciendo paulatinamente hasta desembocar en una sucesión final de clásicos. A punto de cumplir 80 años, Rodríguez mostró una voz sólida, mantuvo la habitual sobriedad de sus conciertos, dejando que fueran las canciones y la poesía las que expresaran aquello que apenas necesitó explicar con palabras.
Las plataformas digitales democratizaron el acceso a la música y multiplicaron las posibilidades de publicación para miles de artistas. Sin embargo, dos décadas después de su irrupción, el mercado parece avanzar hacia una dirección inesperada: los éxitos son cada vez más locales, los algoritmos refuerzan las fronteras culturales y, salvo los artistas mainstream, resulta cada vez más difícil descubrir en nuestros escenarios a músicos procedentes de otros países, especialmente cuando deben cruzar un océano.