Sólo arco iris
Trepando en arco iris mi timidez y mi pasión,
me vibran frases sin sonidos:
estoy tendido ante tu piel, ante ti.
Suenan las campanas del adiós
y me colma de ansias tu pelo en despedida,
manantial de soles perfumados por la juventud,
hunde más tu boca en esta luna vacía.
Y déjame en capullos tu beso enamorado,
que no duela tu pelo en despedida.
Desátame las bridas, encaja tus pupilas
en medio de mi timidez y mi pasión,
manantial de soles perfumados por la juventud,
hunde más tu boca en esta luna vacía.
El cuerpo tiembla y la sonrisa queda muda.
Trepando en arco iris mi timidez y mi pasión,
me vibran frases sin sonidos:
estoy tendido ante tu piel, ante tu piel.
Suenan las campanas del adiós
y me colma de ansias tu pelo en despedida,
manantial de soles perfumados por la juventud
hunde más tu boca en esta luna vacía.
Y déjame en capullos tu beso enamorado,
que no duela tu pelo en despedida.
Desátame las bridas, encaja tus pupilas
en medio de mi timidez y mi pasión,
manantial de soles perfumados por la juventud.
(1979)
El trovador cubano Silvio Rodríguez abrió el 1 de septiembre en el Gran Teatre del Liceu de Barcelona su nueva gira por el Estado español con un concierto de 22 canciones que fue creciendo paulatinamente hasta desembocar en una sucesión final de clásicos. A punto de cumplir 80 años, Rodríguez mostró una voz sólida, mantuvo la habitual sobriedad de sus conciertos, dejando que fueran las canciones y la poesía las que expresaran aquello que apenas necesitó explicar con palabras.
Las plataformas digitales democratizaron el acceso a la música y multiplicaron las posibilidades de publicación para miles de artistas. Sin embargo, dos décadas después de su irrupción, el mercado parece avanzar hacia una dirección inesperada: los éxitos son cada vez más locales, los algoritmos refuerzan las fronteras culturales y, salvo los artistas mainstream, resulta cada vez más difícil descubrir en nuestros escenarios a músicos procedentes de otros países, especialmente cuando deben cruzar un océano.