Contraluz
dos cigarrillos que jamás serán prendidos,
la tenue luz que acariciaba tu reflejo
desde el cuarto en el que fue grabado nuestro signo.
Ya casi ninguno se detiene a descansar,
son más los días del suicidio y no del sol;
las manecillas del reloj me hacen pensar
que llego tarde para enterrar cualquier dolor.
La simetría a contraluz
desde tu cuerpo hasta el ángulo central
de un verso que sellado en tono azul
a hecho del día algo normal,
que nos invita a caminar
entre el silencio de una lagrima final.
Yo sigo descifrando de aquel tiempo viejos signos
los mismos que solíamos redimir con nuestra voz,
debajo de una sábana o soñando en el camino,
en medio de las calles desnudando el corazón.
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