Juego que me regalo un seis de enero
llevo dogal de belleza
entre la hombrera y la cabeza,
entre rodilla y cinturón.
Haciendo crítica social
me perfumé de valiente,
creyeron que era disidente
y no era más que natural.
Martí me habló de la amistad
y creo en él cada día,
aunque la cruda economía
ha dado luz a otra verdad.
El mundo tiene la razón
puesta en el pan, en el diario,
ese señor rudimentario
que nos dará la absolución.
Ciega, la vida nueva es
como un verso al revés,
como un amor por descifrar,
como un Dios en edad de jugar.
Trino, vete al destino,
al punto que será final,
juega lo que no jugué,
y canta que aunque sin rey mago
sigo en pie.
Seguro estoy requetemal,
debo sufrir algo extraño,
pues ni la hiel ni el desengaño
me dan razón de funeral.
El fin de siglo trae la sien
cebada de podredumbre,
como invitándome a una lumbre
que prenderá quien ame bien.
Bendito el tiempo que me dio
una canción sin permiso.
Bendito sea el paraíso
algo infernal que me parió.
El día del Armagedón
no quiero estar tras la puerta,
sino soñando bien alerta,
donde esté a salvo de perdón.
(1991)
Cuando yo estaba en el tercer grado, mi maestra pensaba que yo era anormal. Oí como se lo decía a los padres de una niña, fuera del aula, aunque me encontraba esperando a que terminara la clase de catecismo. A mi no me metían en aquella lección porque mi padre lo había prohibido, con la amenaza de ponerme en otra escuela. La hija de aquellos padres que me miraban con arrobada piedad, se llamaba Lupe. Era muy buena y aplicada, era la excelencia anual del colegio y aquel año sus padres estaban preocupados porque sus notas habían bajado un poquito. Ni sus padres ni la maestra podían saber que Lupe, a quien yo amaba como un condenado, nos enredábamos en extensas discusiones espirituales cuyo meollo era la existencia de los tres reyes magos. Ella afirmaba que no existían, que eran nuestros padres, y yo, que no iba a la clase de religión, lo contrario. Un buen ejemplo de cómo el hábito no hace al monje.
Joan Manuel Serrat acompañará a Jofre Bardagí en la puesta de largo de Jofre Bardagí interpreta Serrat, un proyecto que revisita el cancionero de Serrat desde una mirada contemporánea y profundamente personal, y que conecta memoria familiar, legado musical y presente creativo.
El cantautor cubano Silvio Rodríguez dio a conocer en el Hay Festival de Cartagena de Indias (Colombia) Silvio Rodríguez, diario de un trovador, un libro que reúne textos inéditos de su cuaderno personal en diálogo con 143 fotografías del argentino Daniel Mordzinski, fruto de más de dos décadas de encuentros, viajes y trabajo compartido.
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El Secreto de los Arbustos, estrenado en noviembre pasado, surge del encuentro entre la cantautora chilena Pascuala Ilabaca y la orquesta SdC Big Band, y articula once composiciones que dialogan con realidades sociales, emocionales y políticas desde una sonoridad abierta y colectiva.
Tras dos años de silencio discográfico, la banda valenciana El Diluvi regresa con Cantem per tu (Cantamos por ti), una canción que reivindica la tradición, la cultura y la memoria compartida como motores de futuro. No se trata de un retorno al uso: es la reaparición de una voz que, en realidad, nunca se apagó, y que vuelve a alzarse desde lo colectivo, lo popular y lo comprometido.