Luna menguante
como un decorado
en línea con una estrella
se esconde por el tejado.
Como gato en mi ventana
descifro el significado
del viento contra las ramas
de las sombras en mi patio.
Aquí está mi casa
y la mujer que amo
en un ultimo abrazo
para toda la vida.
Aquí está mi cielo
mi alegría y mi tristeza
en un pozo sin fondo
de ternura.
Canción compuesta para el LCD de Luis Pastor "Diario de a bordo" (1996)
El trovador cubano Silvio Rodríguez abrió el 1 de septiembre en el Gran Teatre del Liceu de Barcelona su nueva gira por el Estado español con un concierto de 22 canciones que fue creciendo paulatinamente hasta desembocar en una sucesión final de clásicos. A punto de cumplir 80 años, Rodríguez mostró una voz sólida, mantuvo la habitual sobriedad de sus conciertos, dejando que fueran las canciones y la poesía las que expresaran aquello que apenas necesitó explicar con palabras.
Las plataformas digitales democratizaron el acceso a la música y multiplicaron las posibilidades de publicación para miles de artistas. Sin embargo, dos décadas después de su irrupción, el mercado parece avanzar hacia una dirección inesperada: los éxitos son cada vez más locales, los algoritmos refuerzan las fronteras culturales y, salvo los artistas mainstream, resulta cada vez más difícil descubrir en nuestros escenarios a músicos procedentes de otros países, especialmente cuando deben cruzar un océano.