Novembre
en la tardor del nostre plor,
de la terra naix un xiscle
testimoni d'una mort.
Amb la mirada bategaves
abans de la teua nit,
i amb les paraules desvetllaves
tots els silencis i el crits.
Jo tornaré a cridar el teu nom contra el vent.
En l'espai de les estrelles
t'has perdut en el meu cant,
però t'he trobat amb elles
i m'has fet entendre tant.
I ara que la terra calla
alce el meu puny novament,
i amb una nova tornada
farem brotar el moment.
Jo tornaré a cridar el teu nom contra el vent.
Contra el vent!
Contra el vent!
Contra el vent!
Contra el vent!
a Miquel Martí i Pol
El trovador cubano Silvio Rodríguez abrió el 1 de septiembre en el Gran Teatre del Liceu de Barcelona su nueva gira por el Estado español con un concierto de 22 canciones que fue creciendo paulatinamente hasta desembocar en una sucesión final de clásicos. A punto de cumplir 80 años, Rodríguez mostró una voz sólida, mantuvo la habitual sobriedad de sus conciertos, dejando que fueran las canciones y la poesía las que expresaran aquello que apenas necesitó explicar con palabras.
Las plataformas digitales democratizaron el acceso a la música y multiplicaron las posibilidades de publicación para miles de artistas. Sin embargo, dos décadas después de su irrupción, el mercado parece avanzar hacia una dirección inesperada: los éxitos son cada vez más locales, los algoritmos refuerzan las fronteras culturales y, salvo los artistas mainstream, resulta cada vez más difícil descubrir en nuestros escenarios a músicos procedentes de otros países, especialmente cuando deben cruzar un océano.