Si otro niño
¿Quién no escuchó su llanto, quién no lo vio?
Puede mi canción tocar tu alma, transformar
hacer que cambie el presente y lograr
que no hayan niños en su dolor,
que crezcan sanos inventando un día mejor.
Bolivia crece si sus niños crecen más
y crece la esperanza al verlos avanzar.
Bolivia unida va creciendo en igualdad
si es que cuidamos todos los días
la tierna vida que en los niños crecerá.
Muere otra niña en su región
la enfermedad y el hambre nublan el sol
puede nuestra voz romper distancias y acercar
unir regiones y lograr con la equidad
que nuestros niños, nuestra nación,
sean ejemplo para el mundo con amor.
El trovador cubano Silvio Rodríguez abrió el 1 de septiembre en el Gran Teatre del Liceu de Barcelona su nueva gira por el Estado español con un concierto de 22 canciones que fue creciendo paulatinamente hasta desembocar en una sucesión final de clásicos. A punto de cumplir 80 años, Rodríguez mostró una voz sólida, mantuvo la habitual sobriedad de sus conciertos, dejando que fueran las canciones y la poesía las que expresaran aquello que apenas necesitó explicar con palabras.
Las plataformas digitales democratizaron el acceso a la música y multiplicaron las posibilidades de publicación para miles de artistas. Sin embargo, dos décadas después de su irrupción, el mercado parece avanzar hacia una dirección inesperada: los éxitos son cada vez más locales, los algoritmos refuerzan las fronteras culturales y, salvo los artistas mainstream, resulta cada vez más difícil descubrir en nuestros escenarios a músicos procedentes de otros países, especialmente cuando deben cruzar un océano.