Cosas mías
pero tiene por donde entrar:
como la tengo siempre abierta,
no sé ni pa' qué está puesta,
no hace falta ni llamar.
A veces entra la tristeza
y, cuando no la soledad;
algunos días la belleza
viste mi casa de fiesta
y viene la felicidad.
Una mañana cualquiera
se asoma la vanidad,
en ocasiones se cuela
y otras no la dejo entrar
por lo que pueda pasar.
Mi canto no tiene más vueltas
que las que tú le quieras dar.
Mi canto canta por su cuenta
y se termina donde empieza
la canción de los demás.
Mi verso no es nada obediente,
lo mismo viene que se va,
cuando se pone impertinente,
me domina y, tontamente,
suelta una barbaridad.
Si canté porque cantaba,
si no, porque me callé;
cantara lo que cantara
no estaba al gusto de usted…
y yo qué le voy a hacer.
Si un día sin avisar
me vuelvo un cantamañanas,
si un día sin avisar
me vuelvo un cantamañanas,
cante usted si tiene ganas,
que yo paso cantidad.
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