Una buena muchacha
a contraluz la ampolleta derrama su frágil silueta
sobre mi voz, convirtiéndola en cuervos que revolotean
la situación.
Ella camina, parece una buena muchacha
que va a la iglesia, en su casa felices pero hay
cicatrices
de aquel buen Dios que administre tu alma y tu sexo
—le dice su religión—.
Me da pena pensar
que fui una silueta viniendo de lejos
y me asusta y me duele
saber que venía borrado en tu pecho.
Retorcí los anillos, definí tu simpleza
me saqué la cabeza y la metí en el bolsillo.
Ella quisiera correr desnudando el pecado
y contra el cielo lanzar su denario,
romperlo en pedazos
y sólo ser, y sólo ser mujer.
Que nadie pregunte, que nadie le hable, que nadie
le traiga ofrendas, le pidan, le digan, le exijan que
viva una mentira.
Este show que monté
fue une trampa tal vez
por mirar tu reflejo.
Resultó al revés
me caí yo también
y me herí en los espejos.
Pues me ví tan perdido
aleteando al azar,
asustado cual tonto
que vienen a interrogar.
Ella camina, la calle le rompe le sombra
contra su boca se estrella mi beso y por eso convoca
la noche a un cuervo.
El cantautor barcelonés Enric Hernàez ha muerto a los 68 años. Considerado uno de los nombres más personales de la generación posterior a la Nova Cançó, exploró con libertad estilos como el pop, el jazz, la bossa nova y el rock, así como la musicalización de poesía.
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