Esta ciudad
sus avenidas largas como látigos,
y plazas que recuerdan viejas citas
y nombres que los tiempos han borrado.
Esta ciudad con obras infinitas,
con bosques de cemento amurallado,
con lluvias de neón y agua bendita
y muertos que descansan solitarios.
Esta ciudad que sabe de nostalgias,
de poderes, de guerras que han pasado,
de copas, de bohemia, de la noche,
de música y poemas entregados.
Esta ciudad que baila con tu cuerpo
a ritmo de boleros o de tangos,
que sueña con tus labios, se emborracha
y luego llora cuando te has marchado.
Esta ciudad sin duda no es la nuestra,
o tal vez se parezca demasiado.
(2006)
El trovador cubano Silvio Rodríguez abrió el 1 de septiembre en el Gran Teatre del Liceu de Barcelona su nueva gira por el Estado español con un concierto de 22 canciones que fue creciendo paulatinamente hasta desembocar en una sucesión final de clásicos. A punto de cumplir 80 años, Rodríguez mostró una voz sólida, mantuvo la habitual sobriedad de sus conciertos, dejando que fueran las canciones y la poesía las que expresaran aquello que apenas necesitó explicar con palabras.
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