Caballo de palo
cuidando
caballos de palo y vacas de piedra,
dándoles de comer
la infancia de su ensueño,
ansioso de servir
a los hombres.
Lo conocí
jugando con su edad
entre las flores,
cargando agua para bocas sedientas
en las copas de los árboles.
Lo conocí
acusando
la tinta del embuste repetido
que propaga
en sus curvas de áspid la mentira.
Lo conocí
corriendo
detrás de su persona,
como la luz tras de su cuerpo
o como el amor que salta
de alegría
cuando encuentra
sus ojos.
Lo conocí
adiestrando
a la sensibilidad enfrente de su establo
para que la belleza
lleve el halo de la tierra,
como pleno surtidor incauto
que no aplaca
la sed de los amantes.
Lo conocí
internándose
por la claridad
de su palabra oscura,
como un niño que no encuentra
la luna
en el agua dormida.
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