Vamos
Por esta tierra cantando
y diciendo la verdad,
anunciando un tiempo nuevo,
nuevo, nueva sociedad.
Y nuestras voces retumban
con gritos de libertad
y del pueblo se oye el eco,
eco de la libertad.
Vamos, vamos, vamos...
Es el grito del obrero,
luchadores de mi patria.
Es el canto de mi pueblo
que vislumbra la palabra
“libertad”.
Es el canto de mi pueblo
en campo, calle y ciudad
que viene cantando a coro
que ha llegado ya la hora:
¡libertad!
Canción interpretada por Pepe y Flora en el disco “Canción del Pueblo” (DL008) del Grupo Taoné.
El trovador cubano Silvio Rodríguez abrió el 1 de septiembre en el Gran Teatre del Liceu de Barcelona su nueva gira por el Estado español con un concierto de 22 canciones que fue creciendo paulatinamente hasta desembocar en una sucesión final de clásicos. A punto de cumplir 80 años, Rodríguez mostró una voz sólida, mantuvo la habitual sobriedad de sus conciertos, dejando que fueran las canciones y la poesía las que expresaran aquello que apenas necesitó explicar con palabras.
Las plataformas digitales democratizaron el acceso a la música y multiplicaron las posibilidades de publicación para miles de artistas. Sin embargo, dos décadas después de su irrupción, el mercado parece avanzar hacia una dirección inesperada: los éxitos son cada vez más locales, los algoritmos refuerzan las fronteras culturales y, salvo los artistas mainstream, resulta cada vez más difícil descubrir en nuestros escenarios a músicos procedentes de otros países, especialmente cuando deben cruzar un océano.