Las caídas
cayó la estrella,
la luz venezolana
cayó con ella.
Cayó el llanero inmóvil,
rotas las sienes
y cayó cosechando
furia y desdenes
Pérez Jiménez.
Cayó la piedra negra,
la piedra blanca,
cayó el ciclón bordando
la lluvia en ancas.
Cayó la mano viva,
la mano lista
y el cerdo que en La Habana
clavó su arista;
good bye, Batista.
Cayó la siembra pura,
cayó la espiga
cayó el varón altivo
y la hembra amiga
cayó Santo Domingo
bajo el rastrillo
cayó el rufián sangrando
y no fue sencillo
darle a Trujillo.
Cayó el sol de la aurora
y el de la siesta
cayó el salvadoreño
su sangre a cuestas
cayó el libro en el fuego,
el hombre entero
cayó el ratón de gorra
el tal Romero
se fue primero.
Cayó el campesino,
el estudiante
cayó el muerto de ahora
y el muerto de antes,
cayó la escuela ardiendo
la fiera moza
y cayó el cruel bastardo,
la sucia cosa
que era Somoza.
Y seguirán cayendo,
nadie lo duda
la libertad trabaja,
la sufre y suda
y al final va limpiando
de nuestro suelo
el excremento estéril
del tiranuelo.
Ay, qué consuelo.
(1981)
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