No em penedeixo de res
no em penedeixo de res;
ni del bé que m'han fet,
ni del mal...
Tot plegat m'és igual.
No, res de res;
no, res d'això no em diu res;
ho he pagat, ho he esborrat, oblidat;
tant me fa el que hagi estat.
He aclarit la foscor
de records i de plors,
de menyspreus i plaers;
no, no en vull saber res.
He escombrat els amors
que em cremaven el cor;
convençuda del tot,
recomenço de nou.
No, res de res.
No! Res ja no m'entristeix:
ni el que faig, o vaig fer...
Tot plegat, ho tornaria a fer.
No, res de res,
no em penedeixo de res.
Per l'amor que em vas dur...,
des d'avui, tot recomença amb tu.
Adaptació: Josep Tero
El trovador cubano Silvio Rodríguez abrió el 1 de septiembre en el Gran Teatre del Liceu de Barcelona su nueva gira por el Estado español con un concierto de 22 canciones que fue creciendo paulatinamente hasta desembocar en una sucesión final de clásicos. A punto de cumplir 80 años, Rodríguez mostró una voz sólida, mantuvo la habitual sobriedad de sus conciertos, dejando que fueran las canciones y la poesía las que expresaran aquello que apenas necesitó explicar con palabras.
Las plataformas digitales democratizaron el acceso a la música y multiplicaron las posibilidades de publicación para miles de artistas. Sin embargo, dos décadas después de su irrupción, el mercado parece avanzar hacia una dirección inesperada: los éxitos son cada vez más locales, los algoritmos refuerzan las fronteras culturales y, salvo los artistas mainstream, resulta cada vez más difícil descubrir en nuestros escenarios a músicos procedentes de otros países, especialmente cuando deben cruzar un océano.