Fantasía
Uno no sintiese
El dolor que finge
Y siente
Si de repente
Uno distrajese
El fierro del suplicio
Al son de una canción
Entonces, yo te convidaría
A una fantasía
De mi guitarra
Canta, canta una esperanza
Canta, canta una alegría
Canta más
Cambiando la noche
Revelando el día
Noche y día, noche y día
Canta la canción del hombre
Canta la canción de la vida
Canta más
Trabajando la tierra
Derramando el vino
Canta, canta, canta, canta
Canta la canción del gozo
Canta la canción de la gracia
Canta más
Preparando tintas
Adornando plazas
Canta, canta, canta, canta
Canta la canción de gloria
Canta la santa melodía
Canta más
Cambiando la noche
Revelando el día
Noche y día, noche y día
(1978)
Versión de Silvia Ulrik y Roberto Echepare
El trovador cubano Silvio Rodríguez abrió el 1 de septiembre en el Gran Teatre del Liceu de Barcelona su nueva gira por el Estado español con un concierto de 22 canciones que fue creciendo paulatinamente hasta desembocar en una sucesión final de clásicos. A punto de cumplir 80 años, Rodríguez mostró una voz sólida, mantuvo la habitual sobriedad de sus conciertos, dejando que fueran las canciones y la poesía las que expresaran aquello que apenas necesitó explicar con palabras.
Las plataformas digitales democratizaron el acceso a la música y multiplicaron las posibilidades de publicación para miles de artistas. Sin embargo, dos décadas después de su irrupción, el mercado parece avanzar hacia una dirección inesperada: los éxitos son cada vez más locales, los algoritmos refuerzan las fronteras culturales y, salvo los artistas mainstream, resulta cada vez más difícil descubrir en nuestros escenarios a músicos procedentes de otros países, especialmente cuando deben cruzar un océano.
Amanda Jara, hija de Víctor Jara y presidenta de la Fundación que lleva el nombre del músico chileno participa estos días en distintos actos en Barcelona relacionados con actividades de la institución que dirige. Amanda Jara habla desde una vida atravesada por la resistencia y la necesidad de mantener vivo un legado familiar y artístico, pero se presenta ante todo como una mujer consciente del mundo que habita, alejada de cualquier voluntad de construir una imagen heroica de sí misma.