Habitarte
Sobre pensamientos
Donde he descubierto
Mis sueños descalzos
Ellos me piden
Que te dé la vida
Y yo apenas puedo
Amarte y habitarte
No soy el único
Tampoco el primero
Que ha paseado
Sobre tu piel
Solo te pido
Que me dejes salvarte
Y tú apenas puedes
Acogerme y alojarme
Por ti despierto
De madrugada
Para encender
Hogueras en los balcones
Unos dicen
Que soy muy explícito
Otros que callo
Cosas que solo sé
Podría callarme
O podría explicarme
Pero apenas puedo
Amarte y habitarte
Todo el dolor
Lo guardo en versos
Para lanzarlos
Cuando sea necesario
decir quiénes somos
Algunos te ven
Como una conquista
Y yo te quiero
Libre mañana
Como una amiga
O como una tierra
Que un día quiso
Acogerme y alojarme
Por ti despierto
De madrugada
Para pintarme
Las manos de insurrección.
Abril de 2026. Una visita a Cuenca. La ciudad alta parece casi inalcanzable pero se va abriendo al paso del caminante y se descubre a pinceladas, se avanza lentamente con atención a los detalles, te va envolviendo su generosa ofrenda de ocres, una esencia dulce de calles antiguas, escenario de historias de vida que fueron y van arriba y abajo. Cuenca, refugio de miradas eternas que en sus horizontes van quedando guardadas, también en nuestra memoria. Cuenca, la de la piel quebrada por hoces y ríos, la que celebró en el siglo XX su poeta Federico Muelas, la que envejece y revive en el XXI y cada día.
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