Libertad
anhelo de ancha calle, de asfalto, de jardín urbano,
de terraza, donde la ávida pupila
junta el azul y la llanura,
la montaña y el mar
y el pensamiento, lo que la mirada no abarca.
Libertad!
En las alas batientes del pájaro enjaulado,
deseo de nuevos horizontes, de espacios infinitos,
de rutas azules y doradas.
Libertad!
En el corazón en doble ergástula del prisionero,
deseo de amor de mujer, de sol redondo,
de quemar los caminos de la redonda tierra.
Libertad!
En el trágico lamento de la gente sin pan
y el puño levantado del proletario,
suspiros doloridos, clamores de justicia.
Libertad!
En las ideas, martillos del pensamiento,
deseo de germinar como la simiente fecunda
y de expandirse como el viento.
Libertad!
En los grandes ideales liberadores
y los movimientos de redención de los pueblos,
voluntad de existir y ambición de crear,
vigor de raíz profunda y gozo de universo.
Libertad!
Y el corazón del hombre, esclavo,
esclavo y generoso y latente
para impulsar la libertad de los otros,
para conseguir la libertad de los pueblos,
para exaltar la propia libertad.
Libertad, libertad, libertad.
Libertad, libertad, libertad.
El trovador cubano Silvio Rodríguez abrió el 1 de septiembre en el Gran Teatre del Liceu de Barcelona su nueva gira por el Estado español con un concierto de 22 canciones que fue creciendo paulatinamente hasta desembocar en una sucesión final de clásicos. A punto de cumplir 80 años, Rodríguez mostró una voz sólida, mantuvo la habitual sobriedad de sus conciertos, dejando que fueran las canciones y la poesía las que expresaran aquello que apenas necesitó explicar con palabras.
Las plataformas digitales democratizaron el acceso a la música y multiplicaron las posibilidades de publicación para miles de artistas. Sin embargo, dos décadas después de su irrupción, el mercado parece avanzar hacia una dirección inesperada: los éxitos son cada vez más locales, los algoritmos refuerzan las fronteras culturales y, salvo los artistas mainstream, resulta cada vez más difícil descubrir en nuestros escenarios a músicos procedentes de otros países, especialmente cuando deben cruzar un océano.