Novedad discográfica
«El último vals», canciones de madurez de Miguel Ríos
A sus 81 años, Miguel Ríos presenta «El último vals», un disco escrito junto a Jose Nortes que combina reflexión vital, crítica social, memoria emocional y celebración de la música como acto de resistencia.
A sus 81 años, Miguel Ríos presenta «El último vals», un disco escrito junto a Jose Nortes que combina reflexión vital, crítica social, memoria emocional y celebración de la música como acto de resistencia.
Portada del disco «El último vals» de Miguel Ríos.
Miguel Ríos lanza El último vals, un nuevo disco de estudio que irrumpe con fuerza y convicción en un panorama musical marcado por la fugacidad. A sus 81 años y con más de seis décadas de trayectoria, el artista granadino entrega una colección de canciones escritas con Jose Nortes —productor también del álbum— que reflexionan sobre el paso del tiempo, el amor, la memoria, la política y la necesidad urgente de seguir cantando.
El propio Ríos lo plantea desde la primera línea: "¿Qué mueve a un tipo que lleva más de sesenta años en la carretera, a seguir cantando en estos oscuros tiempos del 'usar y tirar'?" La respuesta llega a través de las doce canciones de este disco, en las que el músico asegura que aún tiene "voz, historias, cosas para ser cantadas". El proceso de creación ha sido, en sus palabras, como un trabajo de orfebrería emocional: encajar melodías, emociones e ideas que nacen de su biografía y de su mirada sobre el presente.
La canción que abre el álbum es también la que sirvió como primer adelanto: En la rampa de salida, un canto a la vida desde la perspectiva de quien sabe que está en la curva final, pero elige celebrarlo. Ríos recurre a la iconografía del Día de Muertos mexicano y su energía vital para contraponer la festividad de la existencia al desgaste del cuerpo. Con un enfoque autobiográfico, la canción representa un manifiesto de resistencia emocional.
Entre los temas del disco destaca No es la tierra, estúpido. ¡Eres tú!, una crítica directa al negacionismo climático y a las estructuras económicas que alimentan la destrucción ambiental. Ríos denuncia: "El culpable del calentamiento global / No es la tierra, estúpido. ¡Eres tú!", apuntando al capitalismo y su lógica de explotación como causa directa del desastre.
La cuenta atrás aborda las relaciones rotas y la pérdida del amor: "La vida, un destello fugaz. / El vuelo de un sueño irreal". La buena orilla, inspirada por la tragedia de un cayuco hallado en las costas de Brasil, se detiene en la desesperación de quienes migran en busca de vida y se enfrentan a la muerte. La canción entrelaza crítica política y sensibilidad poética: "En el templo de la igualdad / vuelven los fantasmas del fascismo".
El tema que da título al álbum, El último vals, es una balada marcada por el blues que narra una historia de amor terminado: "El último vals fue en la cama / Te largaste del viejo motel / Y en la habitación, entró el blues". El tono confesional se repite en Si pudiera parar el tiempo, donde el artista ironiza con lucidez sobre el paso del tiempo: "El futuro me ha dejado atrás / Las averías me comen por dentro / El óxido no descansa jamás".
El recorrido emocional se completa con Oro irlandés, evocación de un amor adolescente del verano del 73, con tonos de folk nostálgico; El Exprés de Marrakech, homenaje lúdico a Marrakech Express de Graham Nash; y Más dulce será la caída, una canción nacida de un incidente real —una caída en un concierto— que se convierte en pieza de humor compartida con Luis Prado.
El cierre del disco lo pone Las voces del jilguero, una canción compuesta sobre la letra de Eva Losada Casanova, autora de la novela del mismo nombre. La canción, con música de Jose Nortes, es un canto a la libertad y a la belleza de lo pequeño, que conecta con el mundo literario y emocional de la escritora.
El último vals no es un epílogo ni un álbum crepuscular. Es, en cambio, la afirmación de que mientras haya voz, ideas y ganas, hay camino. Miguel Ríos sigue cantando a la vida, al amor y a la injusticia, con la misma entrega con la que empezó, pero desde una mirada que sólo la madurez y la conciencia pueden dar.
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