Lugares comunes del populismo artístico
Niña Pastori brinda una actuación de gala en Girona
Un público ecléctico llenó el Auditori de Girona para recibir a la popular cantante gaditana, en el marco del festival Temporada Alta. Ésta ofreció un show vestido de gala televisiva donde repasó los temas de su último disco, La orilla de mi pelo (Sony, 2011).
Un público ecléctico llenó el Auditori de Girona para recibir a la popular cantante gaditana, en el marco del festival Temporada Alta. Ésta ofreció un show vestido de gala televisiva donde repasó los temas de su último disco, La orilla de mi pelo (Sony, 2011).
Niña Pastori en el Auditori de Girona.
© CatPress
Eran las 9 en punto del pasado viernes 2 de diciembre. Aplausos y gritos de entusiasmo impaciente reclamaban la presencia de la artista y sus músicos al escenario. Niña Pastori no defraudó y, bajo una lluvia de flashes, arrancó enseguida con tres de sus hits más conocidos (Válgame Dios, Capricho de mujer y Puede ser), éxitos seguros que encendieron un ambiente ya caldeado y prepararon a la audiencia para lo que la cantaora venía a hacer: presentar su reciente trabajo.
Y en eso consistió básicamente el concierto, en un desglose de varias de las piezas que conforman el disco (Armadura, La orilla de mi pelo, Hablo contigo, No digas no, Cuando te beso, Y para que…), que combinó con sus canciones más escuchadas, todas ellas incluidas en el antológico Caprichos de mujer (Sony, 2009).
El planteamiento musical era de concierto de estadio, con una banda de batería, percusiones, guitarras (flamenca y acústica), bajo, teclados y dos coristas de piernas como alfileres que se sincronizaron hasta en el saludo de presentación. Primaron los arreglos rockeros, la potencia decibélica y una interpretación acelerada, en parte desentonados con unos asientos de majestuoso teatro que, durante bastante rato, disuadieron a los presentes de bailotear. Pero hubo momentos para todo, también para un popurrí de bulerías a medio tiempo, que Pastori culminó con unos bailes aflamencados un poco patilleros (kitsch). Aprovechó entonces para retirarse unos minutos y dejó a sus clónicas coristas al cargo del inédito Ya no quiero ser.
Por su parte, la escenografía evocaba las galas televisivas españolas de los años noventa: los músicos encaramados en tarimas blancas, un juego cambiante de luces de colores sobre unas bandas de tela largas que colgaban en el fondo y, como guinda, Niña Pastori reluciendo un vestido plateado y unos afilados tacones de los cuales tuvo que acabar prescindiendo por su innecesaria incomodidad. Muy español fue también el toque rosa que ésta le dio a sus comentarios al vanagloriarse de su amorío con Julio Jiménez “Chaboli”, arreglista, productor y director de la banda. Juntos compartieron la interpretación de No digas no y terminaron pegándose unos bailes.
Ya hacía el final, Cuando te beso arrancó de sus butacas a gran parte de la variopinta audiencia que poblaba la sala: gitanos, payos y gitaneros; jóvenes de todo tipo y jubiladas con el abono del festival; esnobs y gente de bien orgullosamente mezclados entre habitantes de las barriadas populares de Girona; familias, parejas, grupos de amigos y alguna que otra educadora social acompañando a una joven tutelada. Cabe reconocer que, aunque su aproximación verbal al público fue repleta de lugares comunes del populismo artístico, siempre consigue conmoverlo y mostrar una cara cercana y modesta. Eso es una estrella del pueblo.
A su pedigrí flamenco y andaluz reservó los últimos minutos del concierto, interpretando el tema Caí, dedicada a su Cádiz, y unas bulerías totalmente unplugged compartidas con sus fieles coristas, que demostraron también sus destrezas en el cante y en el baile.
Gran mérito el de nuestra cantaora, que no sólo domina todos los registros y ha triunfado con una fórmula propia a caballo entre el pop y la canción flamenca; sino que su voz ha devenido un modelo de referencia para jóvenes vocalistas payas y gitanas, aficionadas y profesionales.
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