52 Festival de Folclore de Cosquín 2012 (Cuarta luna)
Peteco Carabajal y el dúo Coplanacu, cantando bajo la lluvia en Cosquín
El perfume ancestral de las coplas de la salteña Mariana Carrizo asociadas a la belleza melódica y cierta crudeza de formas del santiagueño Peteco Carabajal envolvieron la cuarta noche del Festival de Folclore de Cosquín que, de principio a fin, se realizó bajo la lluvia.
El perfume ancestral de las coplas de la salteña Mariana Carrizo asociadas a la belleza melódica y cierta crudeza de formas del santiagueño Peteco Carabajal envolvieron la cuarta noche del Festival de Folclore de Cosquín que, de principio a fin, se realizó bajo la lluvia.
Peteco Carabajal
Télam - Peteco Carabajal presentó en Cosquín las obras de su último álbum, El viajero, con un prólogo coplero en la voz de Mariana Carrizo.
"Si algo es folclore, son las coplas de Mariana, que pertenecen ya al acervo del pueblo", afirmó Carabajal al explicar la génesis del trabajo conjunto.
En rigor, el instrumentista santiagueño había proyectado esta convergencia entre la música y la palabra con el escritor uruguayo Eduardo Galeano. "El encuentro se va a dar más adelante", anunció Peteco.
Carabajal y Carrizo subieron al escenario de Cosquín a las 5.03 y los versos de la coplera se encadenaron con la sencillez poética de la canción El viajero a modo de presentación.
"Con la experiencia he aprendido a resumir una idea en menos notas, a buscar las esencias, a ser menos explosivo", explicó más tarde.
Enseguida Carrizo anunció la esperada sección de chacareras: "De lejanas tierras vengo/buscando quien me consuele/una pena me sacude/otra pena se me prende". De inmediato, Peteco avanzó con Todo lo que tengo.
El santiagueño también entregó clásicos como Juan del Monte o Quimey Neuquén para pagar la fidelidad del público, que bailó y cantó en el escenario junto con los artistas.
Los Coplanacu
La cuarta luna de Cosquín había comenzado mucho antes. La apertura, demorada una hora por la lluvia, estuvo en manos del Dúo Coplanacu, que salió a escena a las 23.06 con la Plaza Próspero Molina vacía, salvo un mínimo grupo de seguidores del grupo.
Roberto Cantos (guitarra) y Julio Paz (bombo) abrieron el juego con Amor en las trincheras, la chacarera de Carlos Carabajal y Vicente Castiñeira.
El marco era hostil: la lluvia no había aplacado y la Plaza Próspero Molina estaba convertida en un set de televisión, ya que no había más que artistas y cámaras.
Sin embargo, la potencia musical del Dúo Coplanacu se irradió en las cercanías de la plaza, donde el público buscaba refugio, y de a poco se conformó un grupo duro, con cientos de espectadores dispuestos a hacer de la adversidad una celebración.
En su tránsito, el dúo encontró una buena sociedad musical con el cuarteto de cuerdas Magnolia (formación clásica de dos violines, viola y chelo), con la que se aventuró al carnavalito Algarrobo algarrobal.
Cantos hizo una pausa para manifestar la adhesión del dúo a la lucha "contra la minería contaminante" que lleva adelante la población cercana al cerro riojano de Famatina, del mismo modo que cuestionó la actividad industrial en la cuenca de los ríos Salí (Tucumán) y Dulce (Santiago del Estero), que afectan las termas de Río Hondo.
"Nuestro compromiso no es estrategia ni panfleto. Es el resultado natural de estar ahí. La injusticia es obvia", afirmó Cantos a Télam tras la presentación.
Luego volvió la música para un desenlace furioso con El escondido, con el público desbordado, envuelto en su propio ritual y orgulloso de su persistencia.
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