Sobre el premio BarnaSants
María Santucho y Víctor Casaus.
Es una alegría y un honor recibir el Premio BarnaSants 2012 por diversas razones.
Por una parte, en primer término, debo dedicarlo y compartirlo con María Santucho, con quien hemos fundando en estos años A guitarra limpia y otros espacios del Centro Pablo de la Torriente Brau que han sido el eje del activismo cultural que este premio reconoce: la nueva trova, el arte digital, el diseño gráfico, la producción editorial, las nuevas tecnologías, la memoria... Junto a María están los integrantes de ese "pequeño ejército loco del Centro Pablo" que han hecho posible que los creadores de esas manifestaciones citadas hayan encontrado espacios de difusión, debate y reflexión sobre sus respectivas obras.
El trabajo que hemos realizado durante estos quince años me ha traído otra alegría excepcional: conocer y compartir con esas comunidades de artistas --la mayoría de ellos jóvenes-- que han apostado junto a nosotros a favor de la imaginación y la belleza. Ellos y ellas han hecho posible la existencia de esos sueños, de esos programas culturales que hemos desarrollado y defendido juntos durante tres lustros.
Este Premio BarnaSants viene, además, de los territorios del compromiso con la canción que nuestro amigo Pere Camps ha mantenido, a golpes de pasión y de inteligencia: el Festival de BarnaSants es uno de los principales eventos que defienden la poesía y la calidad musical, la ética de la creación artística y los sueños de un mundo mejor. En todas esas cosas somos cómplices eternos de Pere y del Festival. Y por todas esas cosas este Premio late fuerte y felizmente de lado izquierdo del pecho. Como debe ser.
En este mundo actual dominado por una élite de tiburones ávidos de sangre y dinero, forjadores de un mundo autoritario, genocida, explotador y censor, Silvio nos trae desde su bloqueada isla, nuevas y viejas canciones como si hubieran sido escritas anteayer para darnos un abrazo de esperanza, esperanza, esperanza blanca, roja o negra pero con amor.
El cantautor mexicano Alejandro Santiago, vinculado con la trova contemporánea mexicana, murió el 22 de septiembre de 2026 en una clínica de Cuernavaca, Morelos, después de un prolongado periodo de hospitalización. A lo largo de más de cuatro décadas de trayectoria publicó siete discos de manera independiente y llevó sus canciones a escenarios de México, Estados Unidos, Latinoamérica y Europa.
Durante el periodo de la Unidad Popular en Chile, la efervescencia creativa dio lugar a proyectos artísticos ambiciosos. Entre ellos destaca Los Siete Estados, un ballet concebido por el coreógrafo y director del Ballet Nacional Chileno, Patricio Bunster, que reunió en un mismo espacio de experimentación al cantautor Víctor Jara, al compositor peruano Celso Garrido-Lecca, al Ballet Nacional, a la Orquesta Sinfónica de Chile y a una nómina imprescindible de la Nueva Canción Chilena y movimientos afines: Inti-Illimani, Isabel Parra, Los Blops, Patricio Castillo y el grupo cubano Manguaré.
El cantautor italo-argentino Piero falleció el miércoles 7 de octubre en Buenos Aires a los 81 años, después de más de seis décadas de trayectoria. Autor e intérprete de canciones como Mi viejo, Para el pueblo lo que es del pueblo, Que se vayan ellos y Pedro Nadie, desarrolló una obra en la que convivieron la canción popular, el compromiso social y un repertorio centrado también en la paz y la solidaridad.
Frank Delgado publica Archivos Descalcificados, un disco grabado en 2018 que reúne diez canciones que habían quedado fuera de trabajos anteriores. El álbum cuenta con arreglos y guitarras de Yibrán Rivero y funciona, según explica el propio cantautor cubano, como una recopilación lógica de composiciones pertenecientes a momentos muy distintos de su trayectoria, algunas escritas hace más de cuarenta años y otras hace más de veinte.