Pero siempre te amo
casi siempre la mano busca la otra mano
casi siempre el azul alumbra las palabras
casi siempre las aves ignoran las distancias.
Casi siempre en la roca esta escrito tu nombre
casi siempre nos vemos con vemos con los ojos cegados
casi siempre la aurora siembra en la luz el alba
casi siempre en la mar flota un nuevo poema.
Pero siempre te amo
Casi siempre en la mesa hay un libro aún no escrito
casi siempre se allanan los caminos del aire
casi siempre en los besos nace un trigo escondido
casi siempre sentimos que el futuro abraza.
(2009)
El trovador cubano Silvio Rodríguez abrió el 1 de septiembre en el Gran Teatre del Liceu de Barcelona su nueva gira por el Estado español con un concierto de 22 canciones que fue creciendo paulatinamente hasta desembocar en una sucesión final de clásicos. A punto de cumplir 80 años, Rodríguez mostró una voz sólida, mantuvo la habitual sobriedad de sus conciertos, dejando que fueran las canciones y la poesía las que expresaran aquello que apenas necesitó explicar con palabras.
Las plataformas digitales democratizaron el acceso a la música y multiplicaron las posibilidades de publicación para miles de artistas. Sin embargo, dos décadas después de su irrupción, el mercado parece avanzar hacia una dirección inesperada: los éxitos son cada vez más locales, los algoritmos refuerzan las fronteras culturales y, salvo los artistas mainstream, resulta cada vez más difícil descubrir en nuestros escenarios a músicos procedentes de otros países, especialmente cuando deben cruzar un océano.