Vecindario
no damos abasto ni yo ni el vecino.
Y a mí me da pena del pobre Avelino.
Cada dos por tres me invento algún viaje
para reponerme de su amor salvaje
y ella, en cuanto salgo, le ordena que baje.
Ya se rasga su camisón.
Desde el descansillo lo llama: ¡Avelino!
y el hombre respinga, se pone mohíno,
le entra como angustia, maldice su sino.
Lo ves vacilante bajar la escalera
sabiendo de sobra qué es lo que le espera
en cuanto se encierre con tamaña fiera,
desprovista de compasión,
cuyo arte de amar es tan sólo el barroco,
las líneas sencillas le dicen bien poco,
quiere garabatos de volverse loco,
y eso al tercer polvo lo deja hecho cisco,
es un ser humano, no es un obelisco,
y preferiría escuchar un disco
o mirar la televisión.
Leer poesía, comer huevos fritos,
ver desde el balcón pasar lo aerolitos,
pero ella lo cuadra con un par de gritos:
¡Tráete esa panoplia y vuelve a la cama,
aún no has apagado la menor llama!
Y él ve la panoplia y es un panorama.
Y hace de tripas corazón.
Allá va el buen hombre a su hercúleo trabajo,
mientras le hace cosas reza por lo bajo
para que, mañana, yo regrese al tajo.
Y, por esa noche la cuestión resuelta,
en la pensión Paqui, que está allí, a la vuelta,
mientras tanto yo duermo a pierna suelta,
sin caerme de mi colchón.
Yo, que era la imagen del romanticismo,
hoy, os lo confieso, me puede el cinismo,
y al pobre Avelino le pasa lo mismo.
Cuando me lo cruzo me dice: Vicente,
yo sólo te quiero de cuerpo presente.
No sé si está haciendo un chiste inocente,
o es que se pasa de guasón.
Y a mí qué me cuenta, que no viva arriba,
pero ya que vive, pues que se desviva
y haga lo posible por esa excesiva
que, al no darle abasto, nunca se nos sacia,
y a su mismo sexo no siendo reacia,
también me da pena de la pobre Engracia.
Pero eso es otra canción.
Durante el periodo de la Unidad Popular en Chile, la efervescencia creativa dio lugar a proyectos artísticos ambiciosos. Entre ellos destaca Los Siete Estados, un ballet concebido por el coreógrafo y director del Ballet Nacional Chileno, Patricio Bunster, que reunió en un mismo espacio de experimentación al cantautor Víctor Jara, al compositor peruano Celso Garrido-Lecca, al Ballet Nacional, a la Orquesta Sinfónica de Chile y a una nómina imprescindible de la Nueva Canción Chilena y movimientos afines: Inti-Illimani, Isabel Parra, Los Blops, Patricio Castillo y el grupo cubano Manguaré.
El cantautor italo-argentino Piero falleció el miércoles 7 de octubre en Buenos Aires a los 81 años, después de más de seis décadas de trayectoria. Autor e intérprete de canciones como Mi viejo, Para el pueblo lo que es del pueblo, Que se vayan ellos y Pedro Nadie, desarrolló una obra en la que convivieron la canción popular, el compromiso social y un repertorio centrado también en la paz y la solidaridad.
Frank Delgado publica Archivos Descalcificados, un disco grabado en 2018 que reúne diez canciones que habían quedado fuera de trabajos anteriores. El álbum cuenta con arreglos y guitarras de Yibrán Rivero y funciona, según explica el propio cantautor cubano, como una recopilación lógica de composiciones pertenecientes a momentos muy distintos de su trayectoria, algunas escritas hace más de cuarenta años y otras hace más de veinte.
El fotógrafo Maxi Vernazza publica Alguien en el mundo, un libro que reúne imágenes de Charly García tomadas entre 1998 y 2008, durante una de las etapas más intensas de su trayectoria: los años atravesados por el concepto Say No More. El volumen nace de casi dos mil fotografías, analógicas y digitales, y recorre escenarios, viajes, estudios, hoteles y momentos cotidianos del músico argentino.
Rajery y Raúl Rodríguez publican Mandry ve? (¿Aún duermes?), un álbum conjunto de once canciones nacido del diálogo entre la tradición musical de Madagascar y el flamenco. La valiha malgache y el tres flamenco se encuentran en un repertorio formado por composiciones propias, piezas tradicionales e improvisaciones, con conexiones rítmicas que alcanzan también a los sones cubanos.