y o h o y
cuando navegaba sin colores,
—vacío y pobre de mí—
Yo no me lo propuse ni esperaba
encontrarme el corazón
por darle juego al martillo y yunque,
pero esta canción sin fotocopias
respira en fotoceldas del amor
—no engaña para poder vivir—
yo escribo una canción
que me compone y canto
porque ella canta por mí.
Desprevenido en paños menores,
adormecido por los dolores,
cuando estaba buscando un cambio
ahí escondida en mi voz
me encontré a la flor del canto:
Que me besa con la luna llena
y me aplaca los calores.
Que me rescata cuando me confundo hacia dónde voy.
Dice mejor: ¡Basta de tantos malos ejemplos!
Dale permiso a uno bueno.
Voy a empezar garabateando entre las olas
a la acuarela del vaivén de tu desdén
con cada día, melancolía, luz de náufrago
yo pinto con mi corazón siempre en tu piel,
como aquel que busca un salvavidas para ser feliz,
como lo busco yo.
Hoy solo voy.
Aquí el que canta es porque a sus penas espanta
cuando el canto siempre es vida y nunca muerte, mira bien.
Que lástima que tanta gente no se entere,
siempre así, “ni fu ni fa”
lo mismo les da un podrido que uno limpio
mezcladas como están las cosas,
junto a las ortigas van naciendo rosas.
Hoy solo voy.
Confié de todos los que fueran solidarios
metí la mano al fuego por quien se quemó,
pero su juego era siniestro y solitario
nos dijeron la verdad tan sólo cuando les convino
y se disfrazaron de utopía mientras fue negocio.
Hoy solo voy.
A defenderme de quien tire la primera piedra
que al masticar su propia cola se mordió
no me conformo al cloroformo en coca cola
soy pescado, pero sin morder el anzuelo
inocentemente culpable de creer
que merecemos lo mejor.
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