El huaso Perquenco
en su caballo alazán.
Ocho soldados lo siguen
y no lo pue’en alcanzar.
Tres muertes ’icen que debe
al golpe de su puñal:
uno era un rico avariento
con cara ’e necesidá’,
l’otro un hermano traidor
que lo vino a denunciar,
y tam’ién una mujer
que lo querida engañar.
¡Corran, corran los solda’os,
corran, corran sin parar!
Yo sé qu’al huaso Perquenco
ninguno lo v’alcanzar.
A media noche llegó
cerca de La Rinconá’,
a la casa de un compaire
allí fue a desensillar.
Que se levanten las niñas
que se levante mi ahijá’
que aquí está el huaso Perquenco
p’escuchar una toná’.
Romance que aprendió Julio Vicuña Cifuentes de Lorenzo Neira, Santiago, 1912. La música es un arreglo de Violeta Parra.
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Las plataformas digitales democratizaron el acceso a la música y multiplicaron las posibilidades de publicación para miles de artistas. Sin embargo, dos décadas después de su irrupción, el mercado parece avanzar hacia una dirección inesperada: los éxitos son cada vez más locales, los algoritmos refuerzan las fronteras culturales y, salvo los artistas mainstream, resulta cada vez más difícil descubrir en nuestros escenarios a músicos procedentes de otros países, especialmente cuando deben cruzar un océano.