Estoy cuidando una rosa
y mi esperanza en el cielo;
allí tengo mi consuelo
pero no lo sabe nadie.
Estoy cuidando una rosa,
pero no sé todavía
si mereceré algún día
de esta flor hermosa.
Cuando un amante no goza
queda con sentir notable,
no hallo cómo consolarme
ni hay alivio a mi tormento.
Para mayor sufrimiento
tengo mi amor en el aire.
Entré al jardín y miré
del amor todas las flores;
de ver tan lindos colores
elevada me quedé.
Al instante me fijé
con afición y esmero,
con cariño verdadero
me enamoré del color.
Tengo perdido mi amor
y mi esperanza en el cielo.
Me dijeron, para ti
es el jardín de Cupido,
y me quedo con delirio
perdido en ese jardín.
Yo que un tiempo merecí
en prueba de mi desvelo
recompensa de mi anhelo
una flor pura y hermosa,
es una fragante rosa,
allí tengo mi consuelo.
El hortaliza de amor
me pusieron de hortelano,
y allí con mi propia mano
escogí la mejor flor.
Me he prendado del color
de una flor muy agradable;
cuánto pude apasionarme
que le di mi corazón.
Dueña de esa flor soy yo
pero no lo sabe nadie.
Despedida:
Viva la noble compaña,
verde rosa enternecida.
Con el sereno nocturno
más linda está al otro día:
el sol le da una alegría
y una hermosura elegante,
siendo bella y perfumante,
cándidamente frondosa.
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