A los mineros de Bolivia
con inimitable fragor.
Cien y mil truenos estallan,
y es profunda su canción.
Son los mineros que llegan,
son los mineros del pueblo,
son los hombres que se encandilan
cuando salen al sol,
y que dominan el trueno.
¡Qué importa, qué importa!
Que la metralla los siega
y la dinamita estalla
y sus cuerpos se disfunden
en partículas de horror.
Salen de una caverna
colgada en la montaña.
Son enjambres de topos
que llegan a morir
sin miedo a la metralla.
Morir, tal la palabra
que es norte de sus días;
despedazado, anemizado
lenta agonía
en la cueva derrumbada.
¡Qué importa, qué importa!
Por la boca del trueno
se oye volar el valor.
Son los mineros de acero,
son el pueblo y su dolor.
Cien y mil truenos estallan,
y es profunda su canción.
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