Canción romántica ni
Los impuestos mercantiles
Ni la terrible inflación
Ni los precios sin conciencia
Ni el aumento de la influenza
Ni la contaminación
Ni los acaparadores
Ni mis pobres acreedores
Ni la nueva ley fiscal
Ni el terrible desempleo
Ni la falta de dinero
Ni la deuda nacional
Ni que suban a cual más
Agua, azúcar, leche y gas
Y la luz y el pan y el huevo
Ni que a diario al despertar
Nos volvamos a encontrar
Con que hay otro impuesto nuevo
Ni que sigan a escondidas
Y en su agosto las mordidas
Con todo y depuración
Ni el problema más urgente
Me importa absolutamente
Si tengo tu corazón.
Ni que los pueblos enteros
Ya parecen hormigueros
Por la sobrepoblación
Ni que en el reparto agrario
Ya va siendo necesario
Que agrandemos la nación
Ni que nos bajen el peso
Ni que digan que por eso
Mejoró la situación
Ni que informe el presidente
Me importa absolutamente
Si tengo tu corazón.
El trovador cubano Silvio Rodríguez abrió el 1 de septiembre en el Gran Teatre del Liceu de Barcelona su nueva gira por el Estado español con un concierto de 22 canciones que fue creciendo paulatinamente hasta desembocar en una sucesión final de clásicos. A punto de cumplir 80 años, Rodríguez mostró una voz sólida, mantuvo la habitual sobriedad de sus conciertos, dejando que fueran las canciones y la poesía las que expresaran aquello que apenas necesitó explicar con palabras.
Las plataformas digitales democratizaron el acceso a la música y multiplicaron las posibilidades de publicación para miles de artistas. Sin embargo, dos décadas después de su irrupción, el mercado parece avanzar hacia una dirección inesperada: los éxitos son cada vez más locales, los algoritmos refuerzan las fronteras culturales y, salvo los artistas mainstream, resulta cada vez más difícil descubrir en nuestros escenarios a músicos procedentes de otros países, especialmente cuando deben cruzar un océano.