Bando número 1 (Los dictadores)
circular en los sueños que dictan estos versos.
Voy a lanzar al viento enfáticos llamados
para que me dispense de todos los trigales
y pido que mis labios se alejen de la vida
y que la muerte sola se cuelgue en mi palabra.
Voy a cerrar canciones, clausurar los violines
y hacer de las guitarras cuchillos indomables.
Haré de los poetas un batallón armado
que restituya en versos la justicia perdida.
La voz será la hoja de un acero violento
hendido en la garganta de todos los culpables.
Voy a hacer de mis rimas vidrios vertiginosos
que desgarren los ojos de los no castigados.
Voy a juntar los signos de todas sus crueldades
y verter en sus bocas la náusea de sus víctimas.
Voy a extraer el verbo de sus hocicos muertos
y hacer de sus palabras un vómito amarillo.
Voy a sentar el alma en un palco de ensueños
para que no me inquiete cuando clavo las uñas.
Voy a clavar mis uñas en todas sus ideas
dejando en sus despojos manchas de poesía.
Voy a hacer uniformes con los gritos de auxilio
y vestirlos de miedo junto a sus escritorios.
Del aire he de quitarles su transparencia viva
para que sólo sigan respirando conciencia.
Voy a armarme de rabia para abolir rabiando
todo lo que han tocado, todo lo que han amado.
Voy a clavar sus manos a la cruz del obrero
y colgaré en sus cuellos toda la cesantía.
Voy a partir a Washington y pedirle a la CIA
que me enseñe torturas todavía escondidas.
Voy a ponerles bombas en cada sustantivo
y coser en sus lenguas un cálculo podrido.
Voy a seguir gritando sobre sus ataúdes
los nombres de patriotas jamás aparecidos.
Voy a hacerlos marxistas, socialcomunistas
y a fijarlos a un cepo mirando su pasado.
Voy a encerrarlos dentro de una Iágrima viva
a asfixiarlos en duelos y dolores de viudas.
Voy a cerrar sus bocas con una sinfonía
y clavaré en sus ojos un cuadro de Picasso.
Voy a entregar de noche mensajes clandestinos
cuando su sepultura sea un hecho olvidado.
Voy a hacer del silencio una cárcel del pueblo
voy a cortar sus manos a golpes de guitarra.
Voy a armar regimientos de Allendes y Nerudas
y escupiremos odas sobre sus cementerios.
Y entonces, sólo entonces, cuando sean borrados
cuando nadie recuerde el odio de sus nombres
y entre manos aladas volvamos a encontrarnos
desde las trizaduras de esta historia enlutada
sobre la sangre entera vertida de mi tierra
volarán golondrinas, trigales y poemas.
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