El hombre del mameluco
al que inventó la alegría,
al de las manos de fierro,
al de la cara blandita,
le descubrí su secreto,
le vi que lloraba un día,
vi que sudaba de bueno
y de bueno no comía.
El hombre del mameluco
pide la yerba que alivia.
La encontrará si la busca,
rebelde y recién nacida,
en la almohada de su hijo,
en el tierno mediodía,
en la página olvidada:
¡mi tierra vale mi vida!
Son muchas camisas blancas
que avanzan por la avenida,
llevando un mundo de piedras
como cerro que camina.
Y el cerro quiere crecer,
se le suman las camisas
y se le suman las ansias
de la América Latina.
Y de pronto, lo esperado:
algo azul trepa la cima.
Son todos los mamelucos
que corren como la brisa,
y salen de todas partes
y se acaba la mentira
y van o mueren cantando,
cada cual tasa su vida.
Y que se mueran los lobos,
los que siempre se decían:
«El peso lo arregla todo».
¡Que se mueran, que se mueran!
Los que mataban sin culpas
al chico de la camisa
y exprimían al obrero
dejándolo seco en vida.
¡Que se mueran, que se mueran!
¡Que se mueran, que se mueran!
¡Que se mueran, que se mueran!
¡Que se mueran, que se mueran!
¡Que se mueran, que se mueran!
¡Que se mueran, que se mueran!
¡Por Dios, que se mueran!
Canción
En este mundo actual dominado por una élite de tiburones ávidos de sangre y dinero, forjadores de un mundo autoritario, genocida, explotador y censor, Silvio nos trae desde su bloqueada isla, nuevas y viejas canciones como si hubieran sido escritas anteayer para darnos un abrazo de esperanza, esperanza, esperanza blanca, roja o negra pero con amor.
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El fotógrafo Maxi Vernazza publica Alguien en el mundo, un libro que reúne imágenes de Charly García tomadas entre 1998 y 2008, durante una de las etapas más intensas de su trayectoria: los años atravesados por el concepto Say No More. El volumen nace de casi dos mil fotografías, analógicas y digitales, y recorre escenarios, viajes, estudios, hoteles y momentos cotidianos del músico argentino.